San Lorenzo dilapidó una fortuna en una fiesta mientras sigue cobrándole altos impuestos todo a los vecinos.

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U$S 399.268 EN UN SOLO DÍA: SAN LORENZO GASTÓ UNA FORTUNA EN UNA FIESTA MIENTRAS COBRA HASTA EL ADOQUÍNEl Ejecutivo de Saravia triplicó el gasto del festival de doma y folclore, un evento que en cuatro años solo dio pérdidas. Esta vez, la apuesta le salió bien.En plena crisis, la Municipalidad de San Lorenzo, a cargo del intendente Manuel Saravia, gastó $616.869.759,66 en una sola jornada de festival. Son U$S 399.268 al dólar oficial ($1.545 en el Banco Nación al 2 de octubre).

El dato surge del pedido de informes Expte. 3424/2026, que el propio Ejecutivo respondió al Concejo Deliberante.Casi la mitad se fue en artistas: $292,7 millones. El gasto total fue más del triple que el de 2025, cuando el festival costó $188 millones.El antecedente hace la apuesta todavía más llamativa.

Según el cuadro comparativo oficial, entre 2022 y 2025 el festival acumuló pérdidas por $146,7 millones: $11,1 M en 2022, $18,3 M en 2023, $40,5 M en 2024 y $76,7 M en 2025. Cada año se perdía más, y aun así el Ejecutivo decidió gastar mucho más.¿Salió bien? En lo contable, sí. El municipio informa ingresos por $692,5 millones, sobre todo por entradas ($430,7 M) y bebidas ($218 M), y un saldo a favor de $75,6 millones (unos U$S 48.900).

Es el primer superávit del comparativo. Pero ese saldo no alcanza para cubrir lo perdido en las ediciones anteriores, y el informe deja puntos sin aclarar: los seguros e impuestos figuran como «aprox.», el detalle de la jineteada como «estimado», y varios auspicios aparecen «en especie» o con descuentos, sin valor asignado.La pregunta es otra: ¿era necesario jugar con plata pública? Si el festival era tan negocio, ¿por qué nunca se hizo antes a esta escala? ¿Y qué habría pasado con las entradas a $30.000 y $80.000 si la gente no hubiera respondido?

Mientras tanto, los vecinos de San Lorenzo sienten el peso de las tasas y contribuciones, hasta el punto de que se cobra por el adoquinado de las calles. El mensaje que queda es incómodo: hay fondos para armar la fiesta más grande de la historia, pero a los vecinos se les pide que paguen las obras.Una fiesta popular tiene valor cultural y turístico, y nadie lo discute. Pero en tiempos difíciles, la prioridad de los vecinos son las obras y los servicios, no el espectáculo.











